domingo, 24 de agosto de 2014

Querido Chejo

Te conocí gracias una red social en la que hablábamos sobre una  serie de ponis de colores parlanchines. Te puse apodo en una sala de chat que cree para entretener nuestras noches y las de un par de locos más. 
Tuvimos largas charlas por Skype y cuando la vida me arrebato mi computadora, WS se convirtió en nuestro aliado. Vinieron nuevas noches de desvelos, solo que estábamos pegados a una pantalla más chica.
Intercambiamos fotos, videos, reproducciones de audio. Libros, películas, series. Todo al alcance de un click, porque esa es nuestra relación: solamente por medio de Internet. Gracias, Internet.

Dejaste de ser un pibe random que me caía bien y te convertiste en un amigo. En uno de los pocos que tengo. Dejaste de ser un montón de palabras negras escritas en un resplandeciente fondo blanco hecho de miles de lamparitas, para convertirte en un muchacho al que algún día quiero abrazar muy fuerte.

Es raro, pero es especial. Me gusta eso. Es doloroso tenerte lejos, pero es confortante tenerte al alcance de la mano. Y mientras Tender canta en la sala de chat, mientras Walter esta durmiendo, mientras los demás estan haciendo cosas virginales y geniales, yo, Frida, doy la apertura a este blog.

Este es nuestro proyecto. La próxima entrada es tuya.

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