Me acorde de cuando era chica, y mis hermanos mayores iban al gimnasio. Como no tenían con quien dejarme, yo tenia que fumarme la hora en la que entrenaban en el mismo recinto. Yo, en un gimnasio.
En fin, no habría sido tan terrible si tan solo fuera un gimnasio y ya. Pero no, las cosas malas vienen de a tres:
- Ademas de los aparatos para entrenar, habían clases de salsa. Mi profesora de Lengua era la maestra.
- Pasaban todos los días EXACTAMENTE las mismas canciones, tanto en horas de gimnasio normal (rock nacional) como en las de salsa (las canciones "movidas" mas ridículas de la historia)
- A veces el horario de mi hermano coincidía con las clases de Taekwondo. Las cuales no estaban mal si no fuera porque la alfombra que usaban para entrenar olía como mil quesos rancios.
En fin, la leccion es nunca apoyar las actividades de tus hermanos. Y llevar un libro a cualquier parte.
¡Hola! gracias por tu visita, me ha permitido llegar hasta aquí, en g+1 no me entero bien y prefiero seguir en el blog de siempre.
ResponderBorrarTu escrito es realista y entretenido. Cuántas veces no nos hemos visto en lugares donde estábamos como elefante en vidriería... Original el toque de la maestra de lengua dando clases de salsa. En mi bolso siempre llevo una pequeña libreta y un boli, la de tonterías que tengo allí, pero en ocasiones me sirven para formar un pequeño cuento. En lo del libro coincidimos y sigo con los de papel, tienen una magia especial.
Prometo volver a esta ventana, si tienes otra me dejas la dirección en mi blog.
Un saludo afectuoso